La freshhhh-cura d’Esparta ;)

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Como podéis comprobar, no lo estamos pasando del todo mal. Tras pasarnos el verano viendo fotos de vuestros pies y vuestros lindos torsos en playas de todo el mundo, ahora os toca a vosotros contemplar desde vuestras oficinas cómo nos doramos el torso. Ah….se siente!

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Vamos al lío. Tras nuestra emocionante estancia ateniense, decidimos continuar nuestra improvisada travesía rumbo a la anexa península del Peloponeso, antigua tierra de espartanos, guerras y demás historias míticas. Como siempre digo, Google y Wikipedia dominan más que yo, así que si queréis más información, ya sabéis lo que toca. Nosotros os contamos lo que vemos (y comemos), y la verdad es que es una verdadera maravilla. El paisaje que veíamos desde el cómodo y moderno bus Mercedes presagiaba lo mejor: enormes extensiones de viñedos, olivares copando las colinas, aislados y relajados pueblos y un sol reluciente, caluroso pero muy agradable.

Nuestra base está en Mavrovouni, a poco más de un kilómetro de Githion, una bellísima vila pesquera, antiguo puerto comercial de los espartanos. Nos agenciamos un chulísimo apartamento “full equip”. Primera gran noticia: la playa se encuentra a escasos 200 m. de nuestra puerta. Gloria divina. La propietaria nos recibió de lujo a un precio irrisorio: 84 € por 3 noches. Así da gusto. Nos acomodamos, nos aprovisionamos en el colmado de la esquina, y cocinamos unos ricos fideos griegos acompañados de ensalada griega, con queso feta a granel comprado a precio de risa.

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Al despertar, desayunamos al sol en nuestra acogedora terraza. Había que tomar fuerzas, que nos esperaba un durísimo día de playa. Menuda sorpresa nos llevamos al recorrer el estrecho camino de tierra y alcanzar el mar. Ante nuestros ojos se abría una playa de fina arena, de 6 km. de extensión, con una temperatura idónea y un agua azul transparente como si fuera una piscina. Los pocos turistas que nos acompañaban eran locales, así que el panorama era de lo más relajante. Leer, bañarse, leer, plancharse… ya sabéis. Volvimos a nuestra base, donde cocine un improvisado “rissoto” con lo que encontré muy rico. Al atardecer, tras reír un rato con el gran Oliver via skype, tomamos prestadas las bicis del apartamento rumbo a Githion. Bicis prehistóricas que nos dejaron el culo cuadrado pero, al fin y al cabo, bicis gratis.

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Githion es un pueblo de postal. Como un Cadaqués griego, para que os hagáis una idea. Básicamente, viven de la pesca y el turismo. Los lugareños, muy tradicionales, pasan el día en las incontables terrazas y cafés que se extienden por el litoral (nota: aquí hacen los mejores cafés con hielo del universo, puro vicio). Exploramos el pueblo, las plazas, el mercadillo y el puerto. Tomamos fotos geniales, el atardecer nos regalaba hermosos paisajes. Como nota negativa, la presencia de una visible sede del partido neo-nazi Amanecer Dorado, que coronaba la plaza central de pequeño pueblo con sus repugnantes banderas fascistas y imágenes de sus chulescos líderes. Era muy curioso el contraste entre la propaganda comunista y los slogans de los fachas griegos plantados unos frente a otros. Simbología de la II Guerra Mundial en un lugar de paz como este pinta más bien poco. Superamos una imponente subida con nuestras cutres bicicletas, nos plantamos en casa para cenar y relajarnos.
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Al despertar, tras no sé cuantas horas durmiendo cual bebés, hemos ido rápidamente a tomar un bus hacia Areópolis, un pueblo al otro lado de la pequeña península del Mani. La guía hablaba maravillas del lugar, y estaba en lo cierto. Al poner pies en tierra, encontramos un amable mercadillo local, dónde un anciano vendedor de olivas se marcó unas graciosas poses al lado de Georgi. Fuimos a explorar los callejones, y de nuevo dimos con una villa maravillosa. El ritmo vital de la gente aquí es verdaderamente envidiable. Como buenos exploradores que somos, tomamos un sendero y nos perdimos por las colinas, con el rumbo fijo hacia el mar.

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Tras un rato sudando de lo lindo a pleno mediodía, apreciamos una espléndida cala, alejada de la mano de dios, con solo unos pocos locales disfrutando sus maravillosas aguas cristalinas. Definitivamente, no hace falta cruzarse el mundo para catar las mejores playas. Avisados quedáis, así que aprovechad y dejaros de gastar la pasta comprando pulseras en Riviera Maya. Nos tostamos un rato en la costa rocosa, hasta que al otro lado divisé un atractivo chiringuito-restaurante a pie de mar. Literalmente. Me llamaba a gritos. Debíamos ir hacia allí. Como era de esperar, la cosa no defraudó. Nos plantamos en una mesa y un veterano griego nos atendió. Básicamente, dijo: “aquí se come pescado. Levántate y ve a mirar lo que quieras”. Y nada, nos levantamos y fuimos a ver el mostrador nevera, repleto de pescado fresco y marisco de todos los colores y tamaños. En el borde, dos tipos limpiaban pulpos, sepias y calamares con dedicación y concentración. Se trataba de escoger el bicho y que el lugareño te lo pasara por la brasa. Para todo lo demás…Mastercard.

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Nos cascamos dos platos de tzatziki (crema de yogur griego con pepino a tiras), pulpo y una especie de dorada enorme, o algo así. Estaba todo más bueno de lo que incluso imaginábamos. El precio, lo de menos. Por esto pueden cobrarte lo que les de la real gana. Tras la comilona, tocaba cumplir con el ritual mediterráneo: la siesta. Y en un lugar así, más aún. Al terminar nuestro cupo de playa, tuvimos suerte de nuevo. Hicimos autostop y un simpático griego nos paró. Nos ahorró más de una hora de subida en curvas que todavía le estamos agradeciendo. Nos preguntó sobre el percal de la independencia de Catalunya, y hicimos lo que pudimos para explicárselo. De nuevo, paramos en la plaza central de Aerópolis a tomar más exquisito café con hielo y verlas pasar. Aquí es una actividad que se les da muy bien, así que intentamos aprenderlo cuanto antes. El sol y la calma les aporta una belleza envidiable.

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Sin más, bebiéndome una birra Mythos y escuchando Comando 9MM, nos despedimos hasta nuevo aviso. La señora está poniendo verduras al horno y toca planear el día de mañana. Un faenón, vamos. Si el clima sigue respetándonos así y cada lugar se torna mejor que el anterior, pinta que este será un viaje para enmarcar. Los próximos post darán fe de ello. Peace!

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