Seguim… de nord a sud

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Israel –y los Territorios Palestinos- son poca cosa. Para que os hagáis una idea, es aproximadamente la mitad de la superficie de Catalunya. Todavía me pregunto cómo se lo montan para coexistir las gentes y los paisajes tan distintos que conforman estas tierras. Disculpen nuestro retraso, pero la redacción del blog ha estado atareadísima a lomos de nuestro flamante Fiat “escarabajo”, indagando entre carreteras comarcales, pasillos fronterizos, laderas de montaña y rincones que todavía no había visitado. El ritmo frenético nos limitó nuestro afán de publicar y mostraros lo que aquí vemos. Voy a intentar resumiros los días que os debemos:

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Abandonamos un Kibbutz, Ha’Hoterim, para acabar recalando en otro, Kfar Szold. El objetivo del día era visitar y conocer el Centro Educativo por la Paz “Givat Ha’viva”, ubicado en los entresijos del valle de Wadi Ara, en la zona central del país. En mi anterior viaje, tuve el placer de conocer a fondo la institución y, dado el background de Georgi (educadora social), ambos creímos conveniente acudir. Mi contacto, Lydia Aissenberg –judía galesa, periodista y educadora- estaba en su país natal, pero por fortuna nos recibió Keren Farash, israelí de padres argentinos que hablaba un castellano suficiente para explicarnos su cometido y el de sus compañeros.

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Hablar y ejercer la paz y la coexistencia entre árabes y judíos es difícil. No nos engañemos: aquí viven codo con codo, pero cada uno toma caminos separados en su día a día. Hay coexistencia, pero no integración ni cooperación. Wadi Ara es curioso, ya que aquí los índices demográficos son exactamente invertidos a los del resto del país: mientras que en todo Israel hay aproximadamente un 80% de judíos y un 20% de árabes (excluyendo otras minorías), en el citado valle la proporción es justamente contraria. Los minaretes coronan las aldeas a ambos bandos de la ruta 65 hacia a Afula, con pequeñas excepciones. De lejos, los poblados de unos y otros se diferencian rápidamente. Las casas de judíos suelen estar presididas por tejados anaranjados y casas ordenadas, mientras que los árabes están en permanente construcción (tonos grisáceos), ya que sus viviendas crecen al mismo ritmo que sus familias se incrementan.

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La tarea de Givat Ha’viva es un verdadero reto. Su base está construida por suelo cedido por el Movimiento Kibbutziano y, su ideología también nace de los mismos principios: sionismo, socialismo y pacifismo. Este último punto es el de más controvertida ejecución. Keren nos lo explicó lo mejor que pudo. Aquí trabajan educadores, maestros, periodistas y voluntarios árabes y judíos que, en resumidas cuentas, hacen cursos y actividades para que niños, jóvenes y mujeres se conozcan, se den la mano y entren en las casas de los otros. Educación de base para erradicar prejuicios basados, en su mayoría, en la ignorancia. Keren trabaja en el departamento internacional, que recibe grupos y particulares de todo el mundo para explicarles la complejidad de su tarea y algunas anomalías que se dan en los pueblos circundantes. Como el único caso de Barta’a. Se trata de un pueblo divido por la línea verde –armisticio del 1949-, administrado en lado occidental por la administración israelí y en la oriental por la Autoridad Nacional Palestina (ANP). No obstante, al cruzar de un lado al otro no hay barrera física, ya que la barrera de separación con Cisjordania se haya unos pocos kilómetros al este. Anomalías del conflicto…

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La charla y paseo por los edificios y jardines de Givat Ha’viva fue de lo más didáctica. A los pocos miembros con los que pudimos conversar, les consultamos acerca de la complejidad de educar por la paz en períodos de guerra, como la vivida el verano pasado en Gaza. Ellos mismos reconocen la contradicción y, ciertamente, viven momentos muy tensos. Pero no queda otra que persistir y creer en lo que hacen. Sin educación de base, jamás habrá una paz real.

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Tras un improvisado recorrido por la barrera separatoria –una especia de “No Men’s Land” oportunamente inundada de banderas israelíes-, tomamos de nuevo la 65. Paramos en la ciudad de Afula, dónde aparte de comer un rico sándwich de snichel –riquísimos pollo rebozado con sésamo- poco más puede uno hacer. Repostamos, pusimos saldo en nuestro anticuado nokia israelí y seguimos “kivun” (dirección) Tiberias. Ésta es la ciudad “capital” del Mar de Galilea, otro lugar de peregrinación cristiana que acoge, entre otros parajes, la Iglesia del pan y el pescado, dónde supuestamente Jesús multiplicó dichos alimentos para satisfacer los hambrientos estómagos de centenares de fans suyos. En fin. Subimos al monte de la beatifiación, dónde nos hicimos unas fotos entre risas sobre inventadas historias bíblicas y presenciamos una espectacular puesta de sol. Sin más demora, pusimos rumbo al norte para caer en Kibbutz Kfar Szold, hogar de nuestra estimada familia Felman. Como siempre, nos sentimos como en casa.

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Tras un relajado desayuno con Avi y Clarita, cargamos nuestras escasas pertenencias en nuestro “600” para hacer una extensa ruta por terrenos fronterizos. Primero con Avi, que nos llevo a la más norteña aldea de Metula, desde dónde prácticamente saludas a los vecinos libaneses al otro de la verja. Es una zona densamente ocupada por tierras de cultivo, sobretodo de frutos veraniegos. Y, en la primavera, es precioso. Se combinan frutos y flores de colores vivos, que copan las tierras a ambos lados. Todo para muy tranquilo y campestre pero, como en cada rincón aquí, se trata de una calma tensa. El sur del Líbano es el feudo de la milicia chií Hizbullah, férreo enemigo del estado hebreo. La última guerra se produjo en 2006 y, recientemente, se produjo un corto intercambio de artillería en el que un soldado español de la ONU fue abatido.

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Dejamos a nuestro guía matutino en el Kibbutz y nos dispusimos a coronar la sierra del Golán, antiguo territorio sirio conquistado por Israel en la mítica “Guerra de los Seis Días”. La carretera de curvas está, mayoritariamente, delimitada por verjas que advierten con carteles “Danger-Mines”. Tristemente, la historia de este país está marcada por la guerra. Entre sus curvas se pierden innumerables reservas naturales, vendedores ambulantes de aceite y aceitunas, excursionistas locales y, de vez en cuando, algún que otro tanque. Como todo, la gastronomía nos guiaba. El destino real de nuestra ascensión era la aldea drusa de Masad’a que, además de albergar una de las poblaciones más autóctonas y auténticas de esta etnia/credo, es reconocida por el Restaurante “Nidal”. Aquí acuden en masa turistas, lugareños, soldados y guiris a probar sus enormes bolas de falafel, el labane con zatar (queso fresco local), “haztilim con tjina” (crema de berenjenas) y demás platillos suculentos, servidos en abundancia por amables y pintorescos drusos de gorrito blanco y holgado mostacho.

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Saciados, improvisamos una ruta por los lomos de la montaña, haciendo para en Meir Golan, desde donde en un día soleado como el que disfrutamos ves Siria y, en los días de ajetreo, incluso oyes los estallidos y el humo de su cruento y prolongado conflicto interno. Aquí vienen grupos de guiris en masa. Pero lo más curioso es ver apoltronados a soldados de la ONU, mirando con sus prismáticos y charlando relajadamente. Actualmente, mudaron su base en Siria a territorio israelí, tras el secuestro de un batallón de nepalíes a manos de islamistas sirios. Vimos pasar un extenso convoy de tanques y jeeps blancos de bandera azul y, nuevamente, nos preguntamos qué carajo hacen en su base. Continuamos recorriendo sin rumbo fijo, parando en antiguos búnkeres, miradores y parajes excepcionales. Sorprende que el lugar, verde y fértil, está prácticamente inhabitado. Nuevamente, las cicatrices de las guerras pasadas hacen difícil su repoblación. Nos fascinó encontrarnos una mezquita medio en ruinas en medio de la nada. Espectacular imagen.

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De camino, paramos nuevamente enotra orilla del Mar de Galilea, bromeamos de nuevo acerca de las hazañas de Jesús y regresamos improvisadamente a nuestro fortín en Tel Aviv, el apartamento de Amit Turkaspa. Aparcamos una calle arriba, pero como no leo hebreo, no me percaté de que la acera izquierda es solo para residentes locales. Multa al canto. 100 shekels (25 euros). Nada grave, solo una anécdota.

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Como somos unos culos inquietos, nos unimos a Amit y Adí a fesetejar la noche de jueves. Primero, en casa de unos exacerbados jóvenes, que miraban alterados al Macabbi Tel Aviv de básquet mientras calentaban con Vodka. Luego, en un local a pie de playa que, todo sea dicho, dejó bastante que desear. El DJ tenía lo que yo de piloto de aviones.

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Cansados, nos pusimos en marcha sobre las 11. Bajamos a por un café con leche –no domino el hebreo, así que al final me sirvieron dos litronas de leche- y tomamos la autopista 1 hacia el Mar Muerto. Tomamos el consejo de Amit para vivir una “Full Dead Sea Experience”: parar en el poblado de Abu Gosh, a las puertas de Jerusalén, para agarrar hummus y pitas take away. Todo un acierto. Desde aquí, te damos las gracias. La autopista 1 cruza de Tel Aviv a Jerusalén y, de aquí, se adentra en Cisjordania –Territorios Palestinos Ocupados para unos, Judea y Samaria para otros-. Otra de las anomalías del conflicto, ya que uno cruzo el imponente muro sin darse cuenta y, de repente, se adentra en las áridas colinas de Judea, coronadas por asentamientos judíos, aldeas beduinas, camellos y un calor sofocante. El paisaje cambia drásticamente a pocas curvas de distancias. Jamás había tomado esta ruta y, ciertamente, mereció la pena.

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Dejando atrás conflictivos asentamientos como Ma’ale Adumim o históricas ciudades como Jericho, llegamos a la costa norte del Mar Muerto. Paramos en la playa de Kalia, que cuenta con una cuidada costa que merece sus 55 shekels (poco más de 12 euros) de la entrada. Es la mejor que jamás pisé, ya que en su orilla puedes impregnarte de barro y luego sentir tu piel más suave que la seda. Además, esta es la mejor época del año, ya que con 30 grados uno puede disfrutar al sol sin achicharrarse como en verano. Aquí se produce otra de las anomalías del conflicto: en el parking conviven matrículas y buses palestinos e israelíes. En su orilla, conviven las “jaimas” de familias árabes, que asan carne y fuman shisha a pleno sol, mientras judíos y demás turistas se entremezclan en una suerte de oasis pacífico. Uno ve esto y, de entrada, se extraña.

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En definitiva, disfrutamos como enanos. Encima, tuvimos el privilegio de recorrer toda la carretera 90, que cruza de norte a sur el valle del Jordán a orillas del Mar Muerto. Al lado izquierdo, queda Jordania; al derecho, imponentes laderas desérticos y miles de palmeras. The Doors amenizó una de las más vibrantes conducciones que hayamos tenido. Cruzamos el checkpoint al sur, el soldado nos felicitó las fiestas (“Jag Sameaj”) y seguimos rectos camino a Ein Ya’hav, el moshav (comunidad agrícola) dónde vive mi familia. La ruta es recta, árida y seca. Uno se pregunto cómo se lo montaron para llegar aquí y montarse un verdadero oasis en medio de la nada. Con razón los israelíes inventaron el sistema de riego del gota a gota, que permitió hacer fértiles los miles de hivernadores de éste y los demás moshavim vecinos.

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Aquí vinimos para festejar el “Pesach” (Pascua). Estábamos intrigados, a ver qué tal era el asunto. Nos juntamos en el jardín de la casa del hijo de Amnon, Gay, dónde montaron una improvisada y amena cena. Lo de los textos bíblicos y tal fue una broma: cuatro canciones y al lío, que había mucho banquete que saborear. Niños, jóvenes presumidas, adultos y abuelos, cada uno con su aire. Esto es tierra de paz y calma. Al mirar a tu alrededor, uno se olvida que esto es Israel. Porqué el desierto de la Aravá es un mundo aparte…

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“Las tribus”

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Israel es un mosaico. Aunque desde fuera nos acostumbra a llegar una imagen homogénea y, mayoritariamente, negativa, una vez hechas a andar por sus tierras percibes una amalgama de etnias y civilizaciones que poco o nada se asemejan en algunos casos. Por descontado, la diversidad aporta cosas buenas y malas: por una lado, una riqueza cultural y humana difícilmente comparable a otros países; por otro, conflictos sociales entre grupos que chocan por sus distantes costumbres, liturgias y intereses.

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Pero si queréis información más detallada sobre ello, ir a Google o Wikipedia, que saben mucho más que un servidor. Tras nuestra sufrida estadía en Tel Aviv, tocaba “Road Trip”. Alquilamos un fiat punto de automático de color beige (inciso: fue más barato hacerlo con el pasaporte de turista de Georgi que no yo como local), nos despedimos de Asaf y tomamos la mediterránea autopista nº2 dirección norte. Mi acompañante iba algo dolorida del estómago pero, como siempre, le puso valentía al asunto. En general, conducir por aquí se hace fácil, ya que todo suele estar muy bien indicado –en hebreo, árabe e inglés- y con un mapa detallado vamos como Pedro por su casa. Otro detalle: árabes y judíos son igual de plastas usando el claxon sin necesidad, por puro vicio y ganas de hinchar las pelotas.

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Nuestro destino era Akko, o “San Juan de Acre” en tiempo de los cruzados cristianos, otros de los tantos salvajes que en nombre de la divinidad se cargaban lo que encontraban en su camino y montaban sus fortificaciones la mar de vistosas. Fuera bromas: la ciudad antigua de Akko es una auténtica belleza situada a pie de mar, que combina en sus estrechas callejuelas innombrables restos de los cruzados y otomanos. También hay alguna sinagoga, baños turcos, túneles subterráneos… Aún así, su más preciado legado histórico lo aporta Saïd, un árabe que tiene uno de los puestos de hummus con más renombre del país. Puede, incluso, que el mejor. Por 30 shekels (unos 8 euros al cambio) nos hinchamos de humus y mashausha, una de las múltiples variantes de mi tan preciado manjar. Con la panza satisfecha, uno percibe mejor la historia. O eso creo yo, almenos.

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Los  comercios, el mercado y las viviendas ubicadas dentro de la fortificación son regentadas mayoritariamente por árabes, aunque en el resto de Aco la población es mixta. A Georgi le sorprendió gratamente la tranquilidad y amabilidad de los lugareños. Según ella, nada tiene que ver su carácter con el de los árabes de Túnez o Marruecos, más cansinos y ruidosos. Tomando un café turco con el sol tostándonos en la cara, vimos como desfilaban los hombres a la gran mezquita: unos de traje, otros con chándal…pero ninguno con indumentaria tradicionalista. Y las mujeres, muchas sin velo y maquilladas hasta las cejas, paseaban sin tapujos haciéndose valer. En el puerto, se combinaban pescadores con fumadores de shisha, que susurrando te ofrecían hachís si te veían más blanquito de la cuenta.

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El sol fulminante se vio truncado por unos nubarrones negros procedentes del Galil –las sierras del interior- y empezó a chispear. Sin más, pusimos rumbo a mi Haifa natal, que se parece a San Francisco o Masnou por sus pronunciadas pendientes. Para sorpresa de mi acompañante –se creía que mi lugar de nacimiento era un pueblucho-, esto es enorme. A diferencia de Tel Aviv, carece de un núcleo urbano uniforme, y sus distintas barriadas se reparten a los lomos de la colina y delante de la orilla del mar. Haifa es la gran salida de Israel al Mediterráneo: por su monstruoso puerto entra y sale casi todo el comercio. También es otro núcleo urbano mixto, aunque los árabes creo que son mayoritariamente cristianos.

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Dimos unos tumbos en coche por el barrio del Carmel, para vislumbrar la panorámica desde las jardines Bahaies, otra especie de religión que tiene un templo espectacular pero que todavía no sé muy bien de que se trata. Si eso, buscad en Google. O Wikipedia. Justo debajo, se extiende la Colonia Alemana, un precioso paseo con construcciones que hicieron peregrinos del citado país, expulsados durante la II Guerra Mundial por sus muestras de simpatía a Hitler. Aquí nos citamos con nuestros nuevos anfitriones, Ricardo y Geula de Kibbutz Ha’hoterim. Para no irme por las ramas: los kibutz son pequeñas comunidades agrícolas, que en su día fueron un verdadero motor del estado, inspiradas por un marcado carácter socialista y comunitario. Hoy, en su gran mayoría, su poderío económico e influencia está bajo mínimos. Si queréis saber más, consultad lo que escribí y reporté con Oliver aquí. Pero al lío: nuestros amigos de origen argentino nos brindaron una inmejorable bienvenida en un colorida y modernista restaurante en la parte “chick” de Haifa, que hasta ahora ni había pisado. Ricas y abundantes ensaladas, acompañadas de un platillo de carne de kebab con arroz y salsa casera hicieron nuestras delicias. Al salir, parecíamos verdaderas barrigas andantes. Para más inri, hicimos una interesante sobremesa con té y alfajorcitos de maicena –si pives, acá también existen-, fruta y pastel. Basta de comer por hoy!

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Nos levantamos por la mañana sanos y descansados, con ímpetu por seguir rebuscando entre las tribus. Pusimos rumbo a la mítica ciudad de Nazareth, crucando los flamantemente estrenados túneles del Carmel, construidos por los chinos (si, aquí también llegaron, aunque se mantienen en la retaguardia de grandes pasteles como esta obra). Que maravilla: hay un peaje caro a la entrada. Ahora si nos sentimos como en casa (Abemus Abertis). Aquí todo está a tiro de piedra, así que en nada nos plantamos en la ciudad de María y José, que alberga la Iglesia de la Asunción y no sé cuantas paraditas religiosas más. Aquí son todos árabes, también mayoritariamente cristianos, y el centro urbano anexo a la ciudad antigua es algo más transitado, ruidoso y desprolijo que Aco. Lo olvidaba: la propaganda política de las pasadas elecciones sigue apostada  en todo el país. Así que estos distritos siguen inundados. Estos comicios supusieron un punto de inflexión para el 20 % de población árabe israelí, ya que por primera vez todas las fuerzas políticas de este sector –islamistas, comunistas y nacionalistas- se unieron en una lista conjunta, cuyos carteles electorales todavía inundan sus barriadas. Ahora son la tercera fuerza política de la Knesset (Parlamento). Está por ver si el dato supone un cambio real en su status dentro del Estado hebreo. Resumiendo: los árabes viven y trabajan relativamente bien, pero se sienten discriminados por la simbología nacional israelí.

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Nazareth, por ahora, está tranquilo. Imaginamos que estos días, en semana santa, será un desfiladero de feligreses internacionales. Nosotros pudimos recorrerla en relativa calma. Entre todo, destacamos los curiosos frescos de origen español –con su pollo franquista de rigor- y catalán, con su debida moreneta, expuestos en los recatados patios de la iglesia que corona su skyline y alberga la cueva dónde la Virgen María hizo algo que, de nuevo, desconozco. Lo sé: debo ponerme a estudiar más a fondo la historia de las tres grandes religiones. Deberes pendientes.

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Tras almorzarnos un pollo asado en la “Gran Via” de la localidad, sacamos nuestro flamante Fiat a recorrer la sierra del Carmel, residencia de múltiples aldeas drusas, árabes, beduinas y bohemias. Paramos en Dalyat al-Karmel, un fuerte druso de marcado carácter comercial. Los drusos son una etnia y religión aparte, con unos credos y costumbres que en nada se asemejan a sus vecinos. Son graciosos: los hombres acostumbran a vestir unos divertidos sombreritos blancos, lucen enormes y rizados mostachos canosos y, en algunos casos, lucen ojos claros de estilo persa. Mayoritariamente, lucen en sus pueblos banderas drusas e israelíes a la par. Se consideran leales al estado de Israel, que una vez creado garantizó su supervivencia tras años de persecuciones. En general, viven bien. Muy bien. En pocos lugares ves chozas tan bonitas y grandes, con fachadas de un estilo peculiar. Ah, y no se cortan luciendo BMW’s y todoterrenos.
Tomamos café turco en su bazar, viéndolas pasar y tratando de averiguar más sobre su curiosa y desconocida cultura. No tienen desperdicio.

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Seguimos por las pronunciadas curvas de la sierra litoral para recalar en Ein Hod, una pequeña comunidad de artistas bohemios. Bastante llamativo el tema, ya que exponen su obra al aire libre, y en sus viviendas albergan pequeñas galerías y cafés. La tenue luz de la puesta de sol le dio un aire curioso, aunque ya no quedaba nada ni nadie porque llegamos a última hora. A pocos minutos, queda una aldea de beduinos –ahora ya sedentarios- que no alcanzamos a visitar.

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Me tiraría horas contando anécdotas, pero estos apuntes llegan a última hora, dónde volcamos ideas e imágenes de nuestros periplos. Pese a nuestros esfuerzos, os aconsejamos fervientemente que agarréis un vuelo y vengáis a conocerlo por vuestros propios ojos. Sin lugar a dudas, no tiene desperdicio. Para más información, ya sabéis donde encontrarnos.

Paz y amor para todos. Shalom/Salam!

Shabbat shalom, Tel Aviv

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Shabbat shalom, Tel Aviv. Aterrizamos en Israel a eso de la una de la madrugada del Sabbath 28, tras un largo viaje con escala en Kiev. Llegamos en desigualdad de condiciones: yo ya sé lo que me encontraré, Georgina no.  Agarramos un taxi hacia nuestra primera base: el piso de mi amigo Amit Turkaspa, ubicado a pocas manzanas de Kikar (Plaza) Yitzhak Rabin. Un lugar privilegiado, en pleno corazón de la urbe. La plaza rinde homenaje al que fuera, probablemente, el líder israelí que acaricio la paz con los palestinos de más cerca.

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Lo del premio que recibieron de “Smart city” mundial se lo tienen merecido. Descubrimos que hay un wifi gratis que cubre prácticamente todo el centro. Perfecto para comunicarnos con nuestros contactos con facilidad. Nuestra jornada empezó siendo un sabbath caluroso, primaveral, relajado. Bajamos a la plaza a tomar una relaxing cup of capuccino a un bar que nos recomendaron nuestros amables caseros. Un buen modo para iniciarnos en el placentero y extraordinariamente caro hábito de sentarse y vivir la vida en las inumerables terrazas que copan las aceras.

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Si bien el día del descanso en la llamada “ciudad que nunca duerme” no se asemeja para nada a Jerusalén, que pasa a convertirse en una ciudad fantasma, las pulsaciones y el ritmo de la gente se relaja. Más vale, porqué por estos lares tienden a ser unos histéricos. Paseamos a ritmo guiri por Sderot Rotschild, cuna del movimiento arquitectónico Bauhaus, estilo importado por un alemán que promueve las construcciones básicas y funcionales. Una vía peateonal cruza entre los característicos edificios de la “White city”, que en esta jornada se llenan de tranquilos transeúntes. Sobre su césped su alzaron las tiendas de los indignados israelíes en 2011, que llegaron a agrupar a cerca de medio millón de personas contra el desmesurado incremento del costo de la vivienda. Una de las burbujas que no deja de inflarse, sobretodo dónde nos hayamos.

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A ritmo latino, recorrimos la avenida King George, Dizengoff, y fuimos bajando en dirección Yafo. Era el primer día, y era casi obligado saciar mi ansia por volver a comer Humus en lo de Abu Hassen, un árabe de este distrito que empezó con un pequeño y humilde puesto que ha acabado transformando en una verdadera franquicia del barrio. Era tarde, hacia un calor intenso y estábamos hambrientos. Y encima había una cola de media hora: la demanda aquí se dispara en sabbath. Pero mereció la pena. Sabía tan rico como cuando vine con Oli en 2012, y Georgi entendió entonces nuestra compartida fascinación por tan suculento y asequible manjar.

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Con la panza llena uno turistea más satisfecho. Yaffo es de los distritos más atractivos e históricos.

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Uno de los escasos centros urbanos de población mixta árabe y judía. Da gusto perderse por sus callejuelas, en las que conviven mezquitas con sus imponentes fachadas, mercados callejeros de segunda mano, cafeterías dónde fumar shisha y bares modernos repletos de urbanitas a la última moda. Su casco antiguo no tiene desperdicio: ubicado en lo alto de una colina, alberga callejuelas con lugares de culto de las tres grandes religiones, pequeñas galerías de arte que incluso exponen sus obras en los muros exteriores y unas vistas del Mediterráneo exclusivas. Por ello en el pasado fue lugar de paso de tantas civilizaciones y unos de los principales puertos comerciales de nuestro apreciado mar.

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Assaf pasó a saludarnos por la colina, ya que también está por aquí, afincado en casa de Uri –Hadar en hebreo-, que viven en el corazón de Yaffo. Lo bueno de Tel Aviv es que no es muy grande, y prácticamente puedes caminar a todas partes. Y para palpar bien el terreno, nada mejor que recorrerlo a pie. Sorprende la diversidad que uno se encuentra en tan poco espacio: familias de árabes haciendo improvisadas barbacoas en el paseo marítimo, gente de lo más fitness al estilo Copa Cabana, grupos de niggas montándose su fiesta a ritmo de rap, jóvenes progres estirados tomando quintos al sol, el club de los surferos, los rusos con sus peculiaridades, un colgado con unos bafles poniendo electrónico y haciendo bailar a los niños, etc. Todo muy variopinto, la verdad sea dicha.

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Nos vinimos pronto de vuelta a nuestro apartamento, dónde unos cuantos amigos estaban tirados en el sofá agotando los últimos compases del día del descanso. Relajados, tras montarse una fiesta de cumpleaños a lomos de un barquito en la costa. Habían quedado para ver a la selección de fútbol israelí contra el Gales de Gareth Bale. Todo bien, pero no dan dos pases seguidos y les metieron un 0 a 3 sin despeinarse. Lo bueno es ver y entender desde dentro a la juventud de aquí, los que viven el día a día de lo que ellos mismos llaman la “burbuja” de Israel. Porqué aquí la vida, a pesar de su elevado coste, mola mucho si eres joven con ganas de hacer cosas.

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Hoy lo empezamos también a nuestro ritmo y con el mismo plan. Divagar por las calles, perdernos por el imperdible Shuk (Mercado) Ha’Karmel, dónde uno palpa los latidos de las ciudades. Producto fresco y de calidad se combinan con paradas de ropa y souvenirs, entre los incesables gritos de vendedores que ofertan su mercancía con esa sonoridad “gjjjjjjj” tan marcada.

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Hoy, lunes, todo estaba patas para arriba de nuevo. La gente va y bien, arriba y abajo, pero aún así, las terrazas están siempre a rebosar. Te pararías en cada una de ellas, atraído por los suculentos brunch, cafés y cañas que degustan sin cesar los locales. Decidimos parar a comer en el centro del mercado, en un puesto de platillos de carne y verduras asadas que nos obligó a detenernos. Luego descubrimos partes de la ciudad muy curiosas, en los que se alternan fincas derruidas o en mal estado con casitas bajas de lo más chick. Destaca el distrito de Neve Tzedek, al sur, una especio de “Born”: otro de los múltiples espacios resucitados y modernizados, repleto de artesanos, artistas y cafés a precio de oro.

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Y nos dedicamos a disfrutar y respirar las vibraciones desde pleno centro, sentados en la terraza del bar Ozen, un bar-tiendadediscos-sala de conciertos en los que te ponen a los Zeppelin mientras te tomas un 2 Goldstar a precio de una (si enganchas la happy hour de tarde). Vino Uri, con el que Georgi pudo hablar “clar i català” acerca de la vida aquí. Sus orígenes, como se ve y vive el conflicto, nivel de vida y demás. Nos llevó a “su” bar, otro pub auténtico con birra artesanal de los altos del Golan y los Doors sonando a buen volumen. Para cerrar el éxito de nuestra calurosa bienvenida, nuestros anfitriones nos invitaron a cenar en casa. Adí hizo un Shakshuka tremendo –una suerte de pisto de verduras picante con huevos encima-, hicimos unas risas y nos dieron buenos “tips” para continuar nuestra travesía. Los israelíes, una vez te conocen, son hospitalarios. Aquí ya nos sentimos como en casa y ya hemos decidido acabar nuestro viaje volviendo por todo lo alto. Porqué esta ciudad nunca duerme, y queremos comprobarlo.

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Bona nit!

Hasta siempre Guatemala

Ja és dilluns i toca acomiadar-se de la Gina, ha estat una bona companya de viatge i la trobaré a faltar… See you soon bonica!!!

Però a mi encara em queda una setmaneta per acabar l’aventura. Decideixo anar a l’Antigua, allà em retrobaré amb en Martin. Arribo amb el Chicken bus, sóc tota una experta en moure’m pel país, 10 Quetzals quaranta cinc minuts i ja estic!!! Arribo a l’hostel “El passar de los años” molt cèntric i molt barat, serà casa meva durant la última setmana a Guatemala.

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No tinc massa clar que vull fer… però Antigua és una bona opció per passejar tranquil·lament. En Martin arriba de la seva ruta, i em convenç per pujar a un volcà. L’Acatenango, un dels més alts del país. Ens passem un parell de dies negociant preus, serà el tour més car fins ara… i l’últim, així que sabent que els gringos som com dollars amb potes. Ens pategem totes les agencies que organitzen les excursions. Finalment decidim fer la excursió al volcà en dos dies, fa uns 4000 m etres d’alçada i és bastant complicat, el desnivell és d’uns dos mil metres i amb un dia és una matada.

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Dijous al matí, cap a les nou, ens passa a recollir un 4×4 per anar a Soledad, a la falda de l’Acatenango. Recollim a una californiana que també s’anima amb l’aventura. No fa massa bon dia, hi ha molts núvols i fa fred. No tinc motxilla gran, però “por cortesia de la casa” l’agència em deixa una motxilla molt gran per posar les meves poques pertinences i quatre litres d’aigua…. estic bastant cagada amb el tema pes… A la carretera a peu del volcà, ens espera en Tomás, el nostre guia, és molt crack. Els guies cobren molt poc… i normalment fan de “porteadores” dels giris paquets. No té motxilla, però fa servir un sac de cafè, amb totes les seves coses que es penja al cap. Comencem a pujar! I collongs com puja… això promet… Al principi passem per tot de plantacions de blat de moro i faves… en Tomás, ens explica que aquests terrenys els treballa la seva família. Seguim pujant… i el temps cada vegada és pitjor, la boira ja no ens deixa veure res… i fa encara més fred.

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La pujada se’m fa eterna, amb només un cafè i un petit entrepà, espero el moment del pícnic, és impossible fer la parada on estava prevista, el vent cada vegada és més fort i la boira porta molta humitat que ens obliga a protegir-nos de la pluja i seguir endavant. Per fi, més arrecerats, dinem, un entrepà del Pollo Campero… Ara mateix no sé quanta estona portem caminant però només penso… que cony faig aquí podent estar al pacífic a una hamaca… Carreguem la motxilla i cap amunt!!! Cada vegada em costa més pujar… potser és la altitud…  Ja portem cinc hores caminant i no es veu “na de na”. Però per sorpresa meva, ja hem arribat al que serà el camp base, sembla que ha parat de ploure, plantem l’iglú. Aprofitem per posar-nos roba seca i abrigar-nos, metres tant, en Tomás intenta fer foc, si ho aconsegueix amb aquest temps de merda, serà el meu ídol. No les té totes, però ell i el seu machete van fent, finalment tenim un gran foc per escalfar l’ambient. De cap i volta, un soroll espantós i el terra es mou, una erupció del volcà de foc que tenim a un quilòmetre… però evidentment no veiem res 😦

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Sopem dins la tenda, juguem a cartes i a les vuit del vespre ja estem enfundats al sac, quin fred!!! Aconsegueixo entrar en calor desprès d’un parell d’hores, intento dormir, més em val perquè a les quatre hem posat l’alarma per pujar al cim. Crec que a la una ja estava desperta, la bufeta es queixa, amb mandra surto i el temps segueix igual o pitjor…. A les quatre de la matinada ens despertem, en Martin i en Tomás surten però res, és fosc i el temps no millora. Aprofitem per dormir una mica més, cap a les sis el guia ens crida, sembla que aclareixi una mica, corrents sortim del sac i de la tenda… i al·lucinant, el sol els permet veure un paisatge increïble, a la dreta i amb el sol traient el cap, tenim el volcà d’aigua. I a l’esquerra, molt més a prop, el volcà de foc. De cop i volta, un fort soroll i buaaaaaaaaaa erupció. Quin despertar i quin comiat més bonic d’aquest país tant petit i tant gran a la vegada.

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Contents i emocionats entrem a la tenda per abrigar-nos i pujar al cim, però el temps torna a estar fatal, igualment pensem que val la pena, i sense esmorzar, cap amunt! Bufff com costa, cada pas és un món i el temps no ajuda gens, començo a tenir els peus, les mans i el nas congelats, arribem a unes roques i en Tomàs ens comenta que queden uns deu minuts pel cim, impossible veure res, el vent cada vegada és més fort i jo decideixo quedar-me esperant a l’expedició. No he fet el cim, però estic contenta, al cap d’un quart d’hora, enmig de la boira apareix en Tomàs corrents, toca baixar al camp base, esmorzar i desmuntar el campament. La baixada és molt divertida, corrents arribem amb un quant d’hora, qui diria que ens ha costat una hora la pujadaaaaaaaaaa……

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Anem tard, son les vuit del matí i a les deu ens recull el 4×4 a la carretera, així que fem motxilla i cap avall, la boira ens acompanya… Però tot i les adversitats, reto conseguido!!! A les onze, fets pols, pugem al cotxe que ens ha de portar fins l’Antigua. Si veiéssiu les pintes… jo així no puc agafar una avió, passar per Miami i passejar per New York. La única roba d’abric, els texans, el jersei, la jupa i les sabates estan fetes mistos i no us explico la pudor a fum. Així que arribem al hostel, portem la roba a rentar, i una bona dutxa! Què bé m’han tractat… i aigua calenta, tot un luxe!!! Mengem a una taqueria que també ja ens coneixen, he aconseguit que desprès de quatre dies em facin el menjar sense cilantro. També tot un repte 😉

Faig la bossa… i agafar l’últim chicken que em retornarà a Guate, a ca l’Oli. Això s’acaba! En Martin m’acompanya a l’estació i ens acomiadem, ha estat un plaer poder compartir el final del viatge, el trobaré a faltar!

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Ara queda el pitjor, acomiadar-me de l’Oliver, que dir-vos… doncs que gràcies a ell he conegut un nou país, un país fantàstic que m’ha permès fer un munt de coses, i per un mes… sentir-me lliure. Moltes gràcies Oli, per tot!!! Ànims i força, tot i estar molt lluny saps que t’estimem.

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Toca tornar a casa amb la maleta carregada de records i amb unes imatges que de veritat no podré oblidar. Hasta siempre Guatemala!!!

Quiché, la comunitat maya més rural

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Ara toca marxar de Semuc, contractem un Shuttle bus per anar fins Cobán, la capital del departamento de Alta Verapaz, sembla ser una ciutat tranquil·la… Tots els guiris del hostel col·locats a la pick-up; ens porten fins a Lanquin per una pista de terra, ens reparteixen en les diferents vans que porten als destins escollits, la nostra s’omple de turistes d’arreu direcció la Capital. El nostre destí final és Nebaj, evidentment no seria fàcil arribar amb comoditat… el conductor “simpàtic” quan pregunto com arribar-hi ens espanta dient que ens serà impossible anar-hi… No ens dona confiança i seguim fermes amb la decisió d’arribar al departamento del Quiché abans del les sis de la tarda, després de dos hores de viatge, ens tiren a l’estació de busos, ens acomiadem de la Lora i en Dimitri ràpid i corrents, ja us podeu imaginar la cara dels amics parisencs i la resta… travessem la carretera i arribem a una suposada estació de bus d’una capital! Les úniques guiris!!! No era massa gran, però a primera vista el caos regnava l’espai, molt ràpid vam localitzar el Shuttle que ens porta segur fins a Nebaj, però no surt fins la una del migdia, els nois que ens han de portar ens semblen molt SIMPÀTICS i decidim viatjar amb ells. Aprofitem per menjar alguna cosa, comprar aigua i plàtans, la Gina ha fet una dieta bastant bananera 😉 aaaaaaa i buscar una farmàcia  per parar l’herpes que aquest cop ha sorgit a l’orella. Ja tranquil·les i deixant-nos portar per la situació, al·lucinem i observem els venedors ambulants que intenten vendre de tot, refrescs, tot tipus de menjar, xocolatines i caramels, fruites, joguines…. bé, que si poguessin vendre se mare també la vendrien… El transit de persones, paquets, gallines, tot tipus de bultos indescriptibles… pujant i baixant de una centena de vans… és estressant. Custodiades pels “nanus” transportistes, han anat passant les hores, a la una hem pujat a la van destartalada direcció Quiché una de les regions més afectada pel genocidi constant que ha rebut al llarg del temps la seva població… la carretera ja ho indica tot, no està asfaltada i els esllavissaments son molt evidents, roques grans ocupaven part de la pista i l’alçada ens indica que estem anant per la Cordillera de los Cuchumatanes,  unes quatre hores de viatge, endinsant-nos en un ambient fred i hostil, ens deixen a la plaça central d’aquest petit poble, agafem una tuk tuk que ens porta fins l’hotel… la gent és educada i reservada, tot i què és molt i molt senzill ens adaptem ràpid al lloc on passarem un parell de nits. Fem una volteta ràpida sopem i anem a dormir.

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No ens despertem aviat, potser és el lloc que transmet una mena de tranquil·litat, amb calma ens dutxem i contentes, per fi, ens posem la poca roba d’abric que hem carregat a la motxilla i que fins ara ens hem posat ben poc. “A relaxing cup café con leche en”…. Nebaj aprofitem el sol per passejar… comencem per la plaça central encapçalada per una gran església catòlica, està oberta i entrem per tafanejar… ens sorprèn l’estètica, per fora és una capella totalment normal, bonica i molt blanca, per dins és senzilla, tots els elements de fusta, figures bastant escabroses i fosques i moltes espelmes donant un caire fins i tot tètric… estem molt sorpreses! Seguim passejant pel mercat.

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les dones porten un corte, la faldilla característica de la zona, vermelles. Els típics colors vius s’han convertit amb una base de colors terrossos, les camises són acolorides i vesteixen uns xals que serveixen per protegir-me del fred, que es col·loquen de totes les maneres. Les ancianes porten unes cintes al cap que es trenen amb el cabell molt boniques. Els homes vesteixen amb pantaló de vestir, camisa i armilla també vermella. Els caracteritza, sobretot, els barrets de palla.

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Comencem a percebre una mica de ressentiment, no els hi agrada gens que se’ls hi faci fotos, tothom parla maya no s’entén res de res. Tampoc hi ha molt furani per aquestes terres, sembla ser que som les poques turistes que passegen pel poble. Sentim que aquesta gent ha patit molt. Seguim passejant pels carrers, les construccions son de ciment amb cobertes d’uralita i petites xemeneies que van traient columnes de fum. Arribem fins al cementiri que son molt curiosos, els mayas representen la mort amb colors molt vius, flors i foc.

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Estem molt tranquil·les i volem aprofitar que hi ha molt bona connexió a internet per actualitzar blog i comunicar-nos amb l’exterior. A la tarda seguim observant com viuen, ens segueix sorprenent els seus rituals, l`habitació on dormim hi viu una família i cada vespre es reuneixen per resar i menjar… observem des de les escales tot fent un cigarret intentant entendre aquesta cultura.

Ens toca moure’ns, s’acosta dijous i de baixada a la capital podem passar per Chichicastenango, des de la visita el llac Atitlan que ja volíem anar. Hi ha el mercat d’artesania més gran de Centre Amèrica. Allà hem quedat amb en Martin, ell ve del pacífic ens trobarem a Chichi per passar una nit i seguirà la ruta cap a Quiché. Ja som expertes en moure’ns pel país, aquest cop toca amb chiken bus, ara feia dies que no l’agafàvem, aquest cop de luxe amb TV i la playlist dels hits del moment guatemaltencs… bufff!

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Per fi, arribem! anem al primer hotel, està a full, acabem direcció al cementiri, un petit hotel familiar molt barat i amb moltes habitacions, la vista és bona, però el temps no acompanya, arriba en Martin, deixem que passi una mica la pluja i fem una primera inspecció, el poble és petit i l’encapçalen dues esglésies, en mig el mercat permanent, els dijous i el diumenges el mercat s’amplia per tots el carrers del voltant, fem les primeres fotos i, com no els mayas, ens tiren pedres quan fem fotos als seus rituals… rotllo exotèrics, a la entrada de l’església principal. Pillem unes birres i unes chips per acabar a la terrassa del hotel tot xerrant del viatge.

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Ens llevem amb bon temps, a esmorzar i cap al mercat a voltar i comprar souvenirs… com ens agrada!!! El mercat ja té una altra pinta, tot de  “tenderetes” amb artesania local, i un munt de gent amunt i avall, ens perdem pels carrers i comencem a negociar preus, és uns bogeria tot de dones mayas intentant vendre de tot; foulards, tapetes, pulceres de fil… que has d’anar treien-te de sobre amb amabilitat… les escales de l’església estan plenes de dones vent flors i segueixen amb el fum dels rituals… molt bonic!

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Després de més de tres hores voltant, en Martin decideix continuar amb la seva aventura, ens acomiadem, pot ser que jo torni a coincidir amb ell, estarem en contacte. Nosaltres aprofitem per menjar alguna cosa pel mercat, recollim motxilles i cap a Guate!!! Les tonades a la capital sempre son dures, aquest cop amb un Chicken a tope de gent i el conductor amb presa per arribar a casa, prova superada! Ja estem de nou a cau 😉

See you soon G&G

Semuc Champey, aventura pura i dura!

Indecises per com continuem el viatge, decidim anar a Semuc Champey, des de Flores ja tenim el transport organitzat, però has de ser viu perquè sinó et foten el pal i la pasta…. pregunteu-li als francesos que se’ns han acomplat… estan flipant amb nosaltres… dues noies, una catalana i una alemanya que viatgen juntes i que a sobre paguen molt menys per dormir i fer les mateixes coses… s’han d’espavilar… ja que la seva intenció es viatjar durant vuit mesos per Amèrica llatina… quina sort tenen alguns… Doncs això, que tenim nous acompanyants… nosaltres fent amics!!! Espero tenir apartament gratis a Paris algun dia… jijijiji

Com que tenim una mica el cul pelat de moure’ns per aquest país, hem negociat un bon preu per anar a Semuc i els bascos ens han recomanat un hostel… així que agafem un shuttle bus, nou transport per afegir a la llista, un tipus vans un pel més car que el chicken bus, però que és més ràpid!  i una merdaaaa!!! Unes deu hores per arribar… hem canviat de conductor, de van i al final del trajecte l’hem fet amb un  4X4 rotllo pick-up que has d’anar de peu, rotllo gàbia, i que va pujant i baixant gent cada deu minuts, tots els locals es mouen amb aquest transport. Hem sortit de Flores a les vuit del matí i hem arribat a Semuc a les sis de la tarda… tot un dia per arribar… ha estat molt dur, però la cosa promet!

Estem a una vall, perdudes, sense connexió a internet i a les nou del vespre ja no hi ha llum… si ens passa alguna cosa… qui ens vindrà a buscar? tenim clar que per sortir d’aquí ens toca espavilar-nos i moltes hores de camí…. Com sempre que ens movem, les expectatives son incertes… tothom ens ha dit que ens agradarà molt, que ens banyarem a uns gorcs i que podem entrar a unes grutes, segons una amiga alemanya de la Gina, el millor de tot Guatemala…. Només arribar al hostel ja ens volen encolomar un guiri tour, però nosaltres passem de tot i anirem per lliure. A dormir i a llevar-nos aviat ja que volem aprofitar i passar-nos tot el dia en remull… aaaaa compartim habitació amb  la parella de gabatxus… estan modo ahorro… per nosaltres cap problema!

Esmorzem i tot caminant, a dos minuts de l’hostal l’entrada al Parc Natural, uns cinc pupus, no està malament. Amb una humitat del cent per cent, comencem a caminar i a suar… La natura no para de sorprendre’ns, un riu enorme amb una força descomunal s’amaga sota unes gorgues tranquil·les amb d’aigua turquesa per gaudir d’un banyet refrescant, aprofitem que els tours encara no han arribat i fem el primer xoffff.

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Fresquets i veient que arribava la “marabunta” aprofitem per pujar al mirador, més de mitja hora d’una pujada entre roques i passarel·les de fusta… amb la humitat… i amb xancletes… però a poc a poc hem aconseguit arribar… i ha valgut la pena, sabíem que al baixar ens esperava un altre bany per passar la calor. Aquí els francesos ja ens han abandonat… crec que la baixada no els hi ha agradat massa, a part nosaltres volíem entrar a les grutes, així que ens hem separat, com que per anar a les coves havíem de sortir del parc hem decidit banyar-nos de nou per passar la suada de l’excursió al mirador.

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Contentes, hem decidit anar a veure quin ambient es respirava per les coves, jo no estava molt convençuda, això de la espeleologia no em fa massa gràcia, sorpresa de la valentia de la Gina he decidit entrar… Mamis, sort que no tenim GoPro i no veureu les imatges… El fet es que has d’entrar a unes grutes només amb banyador i una espelma a la mà… el guia, de nom Rojo, molt extrovertit i amb casi peus d’ànec ens ha acompanyat fins la entrada, on ens esperaven la meitat del nostre hostel, i una asturiana cagada de por… ja sabeu que jo sóc valenta, però de veritat que no les tenia totes… hem anat entrant a poc a poc, l’aigua era freda i ja t’arribava fins els genolls, tot era fosc i les espelmes no il·luminaven res, la penya estava cagada, he mirat a la Gina… la veia molt poc… però ens hem entès perfectament i ens hem posat les primeres… al cap de cinc minuts ja no tocàvem el terra i ja havíem de nedar, arribant a unes escales de ferro… puja amunt i vigila amb el cap perquè les estalagmites creixien avall com agulles punxants… de cop i volta una corrent d’aigua molt forta i a nedar de nou, fins arribar a un forat… collongssssss quina por… aquí unes suïsses ens han avançat, després del forat hi havia una cascada… sí, sí… una cascada i una corda, t’havies d’agafar i fer el Tarzan…. les valentes s’han bloquejat i jo no he volgut pensar massa i he saltat! Tornàvem anar les primeres, gruta amunt i avall, amb l’espelma que s’anava apagant, normal, avançàvem muntanya endins, agafades a unes cordes que no em pregunteu on estaven collades… perquè no ho sé ni ho vull saber… amb l’adrenalina a tope hem arribat a un salt, el Rojo, a pujat com un mico i ha saltat, ha preguntat si algú volia i com no… jo he saltat! uns quinze metres i avall… la cara de la penya encara era de pànic… així que he decidit seguir encapçalar l’expedició… només quedava la tornada, després d’un parell més de ràpids i de sentir la penya plorar hem arribat a la sortida, ha estat realment emocionant… però no ho torno a repetir si no és amb els meus companys de barrancs… nois us dic que haguéssiu al·lucinat tant… un barranc en la foscor i sense neoprè, cunyatiiiiiii, reto conseguidoooo!!!

Emocionades i plenes de blaus hem tornat a l’hostal, encara pensem que ha estat una mica temerari… si ens arriba a passar alguna cosa? qui ens hagués vingut a buscar enmig d’aquesta vall? Sense electricitat i amb el poblat més proper a una hora amb 4×4? Millor no pensar i disfrutar del record ;-p

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Bé, ara toca sortir de Samuc Champey, que no serà fàcil ni ràpid… la nostra propera parada, Nebaj a l’oest del país.

Aprofitem que no tenim massa fotos per presentar-vos als nostres companys de viatge:

La Bibi i en Gaizka, els bascos, son la canya. En Martin, seguirem parant d’ell, ja que segur que coincidim amb ell per visitar Chichicastenango

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La Lora i en Dimitri, la parella francesa que encara flipa amb nosaltres… esperem que tinguin un bon viatge i molta sort amb la seva aventura. I uns italians que no coneixem massa bé però que vam compartir el pícnic al mirador del Tikal i només per això ja val la pena.

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En Mario i en Carlos, gràcies pel viatge més agradable i barat de tot Guatemala, sempre us recordarem 😉

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Moltes gràcies penya i esperem que hàgiu passat igual de bé que nosaltres #Love 4everybody#

 Tikal, el món perdut

Deixem les càlides terres caribenyes direcció a Peten, com que el viatge és bastant llarg fem parada a Rio Dulce, un petit poble al mig del llac Izabal, “ciudad de vacaciones” pels rics americans on aparquen el catamans i velers per fer els creuers pel Carib. Com que és temporada baixa estem molt tranquils, fem una passejada pel poble, unit per un pont, i ens passem la tarda banyant-nos al llac, ens acompanya en Martin, un alemany, que aprofita per practicar el seu castellà.

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Ens despertem aviat per agafar el bus que ens ha de portar fins a Flores, però incrèdules i sorpreses acabem fent el viatge amb una Pick-up i de gratis. El conductor Mario, un simpàtic chapin de la capital que va direcció Flores per acabar una feina acompanyat de Carlos, pobre… ha pillat… li ha tocat fer el viatge de quatre hores a la cabina descoberta… i amb la nostra gran amiga pluja que sempre ens acompanya. Nosaltres ben seques hem passat un viatge molt agradable xerrant de Guatemala, gaudint del paisatge i veient com deixàvem enrere les palmeres i els cocos i ens endinsàvem al Departamento del Peten, la regió més gran de Guate, la seva gent és camperola i es dediquen a les plantacions de blat de moro i la ramaderia. Els homes son autèntics cowboys, amb els seus texans, botes de pell i barret. Les dones han canviat una mica la indumentària, les faldilles fan més campana i les bruses son calades, de colors vius i amples que encara les fan més baixetes.

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L’improvisat transport ens deixa a l’entrada de Flores, un poblet colonial dins d’una illa en mig d’un llac, agafem un Tuk Tuk per entravessar el pont i contentes contem que el viatge ens ha costat uns vuit euros. A l’Hotel El mirardor del Lago, ens esperen la Bibi i el Gaizka una parella de Bilbao que vam conèixer al Llac Atitlan, vam coincidir al viatge amb barca de Livingston a Rio Dulce i ens retrobem per compartir el Tikal amb ells, són molt divertits!!!

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Desprès de sopar alguna cosa, fer unes birres i acabar a una disco… ens despertem a les quatre de la matinada per visitar el Tikal, el parc natural més famós del país, on hi ha les runes mayas més conegudes… encara ara, no tinc paraules per descriure el que hem vist….

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Només puc dir… la que van liar els mayas al bell mig de la selva!!! Sí, en mig de la jungla…. Majestuoses piràmides i construccions que creixen amagades entre l’espessa vegetació. Les imatges les hem vist moltes vegades, en reports, fotos i llibres… però fent un picnic a dalt de tot de la torre V, a uns trenta cinc metres d’alçada, te n’adones de que el Tikal és el món perdut, i que no en sabem gairebé res d’aquesta civilització, intentem imaginar-nos la seva vida, els seus vestits i els seus rituals, acompanyats de les bestioles que habiten a la zona.

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Com podeu veure, les imatges ho diuen tot… i jo… segueixo pensant que necessito veure i conèixer més per entendre els mayas. Així que us deixo gaudint de les imatges i dir-vos que l’aventura continua, tot i que la connexió a Internet ens ho posi difícil.

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Fins aviat! 😉